Las acosadoras de chupetes

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Ayyyyyyy ese chupeeeeeteeeee … Estoy francamente harta de oír esta expresión por la calle, un día si y otro también.

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Cansada de ese odio feroz que muchas señoras de a pie tienen a los chupetes y como sintiéndose en poder de la verdad más absoluta aconsejan sin cesar la retirada del mismo de inmediato hasta el extremo de ser a veces ellas mismas quien se lo han retirado directamente a mis hijos.

Como anécdota comentaros, que este verano mientras llevaba a mis hijos al pediatra, porque estaban malitos con gastroenteritis, nos cruzamos con una de estas “pájaras” en la consulta. Mis hijos iban con el chupete, relajados, estaban bastante pachuchillos. Cuando me quise dar cuenta, la susodicha estaba delante del carro diciéndoles: – ¡chupete no! e intentando tirar del él. Mis hijos se pusieron nerviosos ante tamaña invasión. 

La solicité nos dejase y justo en ese momento entré a la consulta del pediatra. Cuando salí se levantó y volvió a las andadas, esta vez directamente le sacó el chupete a Nico. La historia terminó con una buena bronca en medio del Centro de Salud diciéndole a esta mujer que quien era ella para quitar el chupete a mis hijos y meter la manaza donde no la llaman. Me recreo en la idea de que nuestro “querido virus gastrointestinal” saltase del chupete de Nico a su mano … je je je

Estoy harta, hartísima …

Nuestros comienzos con el chupete

El primer mes de vida mis hijos no usaron chupete. Como estábamos con la lactancia mixta nos aconsejaron no usar el chupete para no confundir a los bebés y garantizar la lactancia materna.

A partir de ese primer mes, la Salus les empezó a dar el chupete y la verdad es que ni fú ni fá, a veces lo cogían otras no, pero raras veces lo pidieron.

El resto de meses de vida no han sido prácticamente chupeteros salvo en momentos de llanto o mimitos.

La salida de los colmillos

Ha sido recientemente cuando más han pedido el chupete debido, fundamentalmente, a la salida de los colmillos. Lo están pasando francamente mal, jamás les había visto tan doloridos con el tema “dientes”. Así que han encontrado en este objeto un consuelo y aunque no están todo el día con el chupete (en la guarde no lo llevan) hay momentos que necesitan morder algo.

Lo que dicen los pediatras al respecto

  • El chupete “puede”, no siempre, provocar deformaciones en la boca pero muchas veces evitar el uso del chupete lo que promueve es que se metan otros objetos en la boca como el dedo. Por ejemplo, que se chupen el dedo, provoca mayor deformidad en la boca y es mucho más complicada de quitar la “manía”. Con lo cual, los pediatras no es que aconsejen el uso del chupete, pero tampoco se ponen radicales ni mucho menos con ello entendiéndose a veces como “un mal necesario”

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  • Se aconseja que la retirada del chupete se haga en torno a los 2 años, justo después de la salida de los colmillos ya que la necesidad de morder algo irá desapareciendo sobre esa edad. Si se puede hacer antes, mejor que mejor.

Mis hijos tienen 21 meses así que haremos justo lo que dice el pediatra, dejárselo los ratos que lo necesiten hasta la salida de los colmillos.

Aun así, en la guarde ya no lo llevan y tengo especial cuidado de no salir ya a la calle con los chupetes puestos, precisamente para evitar estas desagradables situaciones. Pero tal como nos explicó el pediatra: – si no muerden el chupete, morderán otra cosa, nos ha pasado esto:

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Si, como os estáis imaginando esta es la barra delantera de nuestro Bugaboo Donkey llenita de mordiscos. A que mola, ¿eh?

La verdad es que porque ya nos pilla en la recta final de la “etapa chupetera” pero estoy por encargar unos chupetes que pongan: “No me toques los chupetes” o “chupete electrificado, no tocar” …

En fin, no estoy nada preocupada por la retirada del chupete, lo veo bastante fácil en cuanto pase esta etapa, pero …

Acosadoras de chupetes, no ¡gracias!

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Pesadillas al Cuadrado: Bebés y Piscinas

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Siempre escuchas lo peligrosas que son las piscinas con niños cerca, pero una cosa es escuchar y otra muy diferente es vivirlo. A mi me ha tocado vivirlo este verano y más que vivir, ha sido un sin vivir de sustos y preocupaciones.

El año pasado con 6 meses empezamos a meter a Guille y a Nico todos los días en la piscina de casa. Sin problemas, no andaban así que les cogíamos les metíamos en el agua con nosotros o con el flotador “swimtrainer” y a disfrutar. Juegos, ejercicios …En este post os hablaba el año pasado de nuestra experiencia piscinera: Del piscineo en soledad … al piscineo familiar!!

Este año ha sido muy diferente. Para empezar, hemos tenido que poner una valla en casa bloqueando el acceso a la piscina. Esto ya nos generó algún debate a Papá al Cuadrado y a mi sobre que tipo de valla poner. Al final decidimos poner una de celosía de madera igual que la que tenemos en otras partes de la casa.

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Es una piscina pequeñita, de hecho cariñosamente la llamamos “la charca”. Con la valla no queda un espacio tan diáfano como el de antes, pero por la seguridad de los peques se hace cualquier cosa.

Aun poniendo la valla no te puedes descuidar medio segundo, porque todos cometemos errores que a veces se pagan muy muy caros.

Llegó el primer gran susto del verano

Empezamos el verano bien, controlando a los mellis en la zona de piscina, y aunque en nuestra piscina les cubre enteros, les soltábamos por la zona de los escalones y jugaban por ellos, obviamente bajo nuestra atenta mirada y supervisión. Seguíamos con nuestros juegos y ejercicios, este año utilizando mucho el “churro” que les hacía mucha gracia.

A Guille le encanta estar en el agua, es un niño rana, disfruta cada segundo que pasa en ella sea en la piscina, en la bañera …

Tanto es así, que de repente un día le vemos que se nos lanza de cabeza a la piscina. Casi se nos para la respiración. Yo estaba dentro así que le saqué rápidamente. En cuanto salió se partía de risa y se volvió a lanzar una y otra vez.

Así que descubrimos que le encanta meter la cabeza dentro del agua. Y con todo el cuidado del mundo le hemos “permitido” este tipo de “buceo” con la ayuda de papá y mamá.

Como todo se pega, en breve Nico empezó a hacer lo mismo. Nos alegramos que les gusté tanto el agua pero no tenerla ningún respeto nos aterraba.

Y con mucho cuidado y mil ojos conseguimos estar en la piscina los cuatro.

Y diréis, pues ponles flotador, ¿no?. Eso me gustaría, pero no lo soportan, se lo quieren quitar constantemente, lloran y lloran. Aun así lo llevan a ratos, pero solo a ratos. Les compré unos salvavidas de niño, pero como aun no saben levantar la cabeza en el agua, si se caen al agua flotan, pero se dan la vuelta y flotan con la cabeza sumergida. En cuanto a los manguitos, más de lo mismo, aun no tienen estabilidad para mantenerse con ello.

Supongo que el año que viene los manguitos y el salvavidas ya podrán realizar su cometido y nos quitaremos algo de estrés.

 

El segundo gran susto del verano

Para poder acceder a la piscina hay 2 puertas. La primera, separa la zona de la casa de la de piscina y aleja a los mellis de la escalera de acceso. La segunda, es la de la valla de la piscina.

Pues no sabemos como, pero un día la primera quedó mal cerrada. En esa zona tenemos un porche donde juegan los mellis en verano. Un espacio cerrado, controlado y sin peligros.

Demasiado silencio, no escuchaba nada…estaba al lado haciendo otras cosas, me asomé corriendo y vi que la puerta estaba abierta. Empecé a gritar. Salí corriendo a la piscina. Y allí estaba Guille. Había bajado las escaleras y estaba tratando de abrir la puerta de la valla de la piscina. ¿Y si hubiéramos cerrado también mal esa puerta?

Me eché a llorar de los nervios, del susto, abracé a los dos con todas mis fuerzas … solo pensando en lo horrible que podría haber sido el desenlace.

Y a partir de aquí vinieron las pesadillas y las “comeduras de tarro” a todas horas. No podía dejar de comprobar las puertas de acceso a la piscina constantemente.

Sustos convertidos en pesadillas

Y así me tiré varios días teniendo terribles pesadillas por la noche, obsesionada con las piscinas.

Encima hablando con unos amigos sobre el tema, comentaron que además estas edades eran muy peligrosas porque si se caía un niño al agua no sabría flotar y se iría directamente para el fondo, razón por la cual algunos despistes de los adultos finalizan con el ahogamiento del niño.

Casi necesito un desfibrilador …

Pero bueno, con mucho respeto intentamos seguir disfrutando de nuestros momentos de piscina con los peques y sobre todo ir poco a poco intentado que comenzasen a flotar.

Otra casa con piscina

Pasamos las vacaciones en Cádiz y siempre que alquilamos una casa procuramos que tenga piscina ya que si tenemos temporal de levante podríamos aprovechar ese espacio en caso de no poder ir a la playa.

Y todo hay que decirlo, la piscina de este año era espectacular.

Con todo este lío, me dí cuenta que igual de espectacular era super peligrosa. Los dueños no tenían valla de seguridad y la piscina era bastante larga.

Ya me veía todas las vacaciones detrás de los mellis, sin poder dejarles ni a sol ni a sombra, angustiada y muerta de miedo. Intentamos hablar con los propietarios de la casa pero se negaban a poner nada. Nos planteamos hasta quedarnos sin casa.

Así que nos las tuvimos que ingeniar. Nada más y nada menos, que 12 metros de largo medía la zona que debíamos aislar de los mellis.

Estuvimos en Leroy Merlin, en Decathlon … mirando las posibles soluciones, vallas portátiles, redes … que además no ocupasen mucho espacio en el coche. Y nada, no vimos nada que pudiera ser robusto y no ocupase un montón de espacio.

En nuestro viaje a León, que esta gente de los pueblos sabe mucho, nos dieron la solución. Estacas de plástico de 1,5 metros + malla de plástico duro. Con 30€ arreglado.

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Y aunque es una “aberración” hacer semejante “chapu” en un entorno tan bonito, la seguridad de los mellis está por encima de todo.

Como funciona el invento:

  • Las estacas de plástico se clavan aproximadamente 30 cm en la tierra. Son muy finas, por lo que no dañan el cesped, pero a la vez robustas una vez clavadas se pueden arquear algo pero no vencer ni romper.
  • Se tira la malla de plástico entre las estacas y se ata bien con bridas de plástico de forma que no se pueda bajar la malla.
  • Se improvisa puerta, bien con algún obstáculo que no puedan mover los mellis, o bien haciendo una puerta con otra estaca de plástico y atando la malla a otra estaca para abrir o cerrar.

El invento recogido no ocupa más que una sombrilla mediana y comprobado, se monta y se desmonta rápidamente y los mellis no pudieron con ello aun teniendo en cuenta lo brutos que son.

Y aun así, les dejábamos pasar a la zona de piscina (con nosotros en el agua claro) y se volvían a tirar solos pero para nuestra sorpresa, ya flotan. De hecho Guille se mantiene algunos segundos en vertical moviendo las manos y los pies.

Otras experiencias acuáticas

Piscinas públicas o comunitarias

Durante el verano hemos tenido la oportunidad de estar también en alguna piscina pública o comunitaria. Y os diré, es donde mejor hemos estado. Por 2 razones:

  • Hay piscina de peques por lo que ellos han disfrutado de forma más autónoma de sus juegos con el agua y de estar con más niños
  • Hay más adultos, con lo cual siempre entre todos se está pendiente de todos los peques

El mar

Albergaba alguna esperanza en que mis hijos al ver agua en movimiento le tuvieran algún respeto al mar.

Nada, cero pelotero e incluso siendo revolcados por alguna pequeña ola, volvían una y otra mirándose a los pies alucinados preguntándose porque el agua venia y se iba.

No he conseguido extender una toalla en la playa este verano. Nada, ni dos minutos. Ha sido todo el tiempo carreras para aquí, para allá … y algún grito de vez en cuando.

Así que como siempre, conclusiones:

  • A matronatación todos. Aunque desde que nacieron hemos practicado mucho con ellos en verano, y claro que se nota la soltura que tienen en el agua (demasiada), hay que hacerlo alguna vez durante el año. Me muero de ganas por que aprendan a nadar, como dice mi madre: – es un seguro de vida. Se que aun les queda, pero seguiremos insistiendo en que floten cada vez más tiempo y mejor y por supuesto, que sigan disfrutando del agua como hasta ahora.
  • Ojo con las piscinas, sobre todo con las privadas. Aunque haya seguridad, vallas y todo lo que queráis, nunca, jamás os confiéis. ya habéis visto, un pequeño fallo humano puede acabar fatal.

Creo que este verano he vomitado mi propio corazón unas tres veces de media al día solo en sustos, pero he de decir que he disfrutado como una enana de los mellis ¡por tierra, mar y piscina!

¡Felices y seguros baños con vuestros peques!

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